o cómo sobrevivir 15 días con la familia
Todo el mundo parece amar la Navidad. Oh, dulce y blanca Navidad.
Pero a mi no me gusta nada, es más, me cogen sudores fríos cuando se acercan estas entrañables fechas.
He hecho un poco de reflexión acerca del porqué de este odio y he aquí los principales argumentos a los que he llegado:
1. Modo compradores compulsivos.
Sí, parece que la única finalidad de la Navidad sea comprar y regalar. Todo se transforma, los comercios aprovechan para vende y vender y crear necesidades que tenemos que cubrir. Y me da una rabia inhumana.
De qué los comercios decorarían hasta al segurata de la puerta con adornos navideños si no fuera con una única finalidad, la de imponer la necesidad de comprar y hacer dineros.
Que yo sepa, lo de hacer un regalo se hace para demostrar el afecto/gratitud/amor/aprecio a alguien, no porque toque hacerlo.
2. Llenamos nuestros huecos emocionales con compras innecesarias.
Un poco ligado al punto anterior.
Cada año me hace regalos que NO quiero y que NO necesito, pero mi madre se empeña en que sí. Y es cuando me doy cuenta de dos cosas:
a) Mi familia no se molesta en conocerme como para saber qué me gustaría como regalo, o si más no, qué no me gustaría.
b) Los regalos no solo no me solucionan necesidades sino que me crean un vacío interior . No sé explicarlo, pero me doy cuenta de que las cosas materiales no me llenan, ergo lo hacen las emocionales. Tener un vacío me indica que mi familia no ha sabido llenar este hueco emocional.
c) Hay cosas más importantes y menos banales en este mundo que el que no acierten con tu regalo, así que me deprimo aún más por estar gastando neuronas con este tema.
3. Comemos como si no hubiera un mañana
¿Por qué este despilfarre de comida?¿Por qué? Si la excusa para ver a la familia es la comida, a mi me bastaría con un café y unas pastitas.
4. Nos volvemos más solidarios que nunca.
Sí, la finalidad de la acción es genial y mi queja no va por ahí. Lo que me molesta es la hipocresía.
Solo ayudamos en momentos puntuales - si es que lo hacemos- como por ejemplo en Navidad, pero realmente me planteo porqué lo hacemos. Y es para sentirnos nosotros mejor. Mira que somos egoístas.
¡Si se es altruista se es por convicciones y valores, no por las fechas!
5. Reunimos a familiares a los que nunca vemos.
¿Por qué esta saaanta manía en reunir a familiares que se odian no se tragan entre ellos?
¿Porqué sí? ¿Porqué toca?
Qué devoción en hacer pasar malos ratos, tener que aguantar 4h de charlas chorras, sonrisas forzadas, silencios incómodos, etc.
En fin, que estoy muy rabiosa y muy loca, y esto no es bueno.
A lo mejor no es la Navidad en sí lo que me molesta, sino el hecho de pensar que disfrutaría más haciendo unas birras con mis amigos, a los que considero mis próximos, que con la familia propia, política y hostias.
¿Y si no me gusta la Navidad porque, al pasar más tiempo con la familia, me doy cuenta de que no tenga nada que ver con ella?
Una oveja negra se despide.
paz y amor